¿Alguna vez te ha enviado alguien un meme basado en la clásica diferencia entre la foto de la hamburguesa de un anuncio de algún famoso restaurante de comida rápida, y la realidad que viene en la cajita que compras allí?, pues eso que a la mayoría de nosotros nos ha pasado, es lo que ocurre muchas veces con los cursos de formación, tanto de los que se imparten en las empresas como los que se imparten en los centros de formación de toda España.

Un conocido mío acaba de terminar un curso en un centro de formación, de bastante prestigio y al que además conozco personalmente y tengo en muy buena estima, ya que he realizado en él algunas formaciones en el pasado.

Su resumen de la formación, en este caso una formación que pidió que su empresa le financiase en temas relativos al campo del derecho laboral, es este:

“Tengo la sensación de que se ha perdido tiempo en leer diapositivas y se ha desarrollado poco el meollo del asunto, el caso es que el formador sabía mucho y tenía mucha experiencia pero no ha profundizado, tampoco se ha interesado en las situaciones que los alumnos vivimos y aunque se podía preguntar, apenas se ha generado un ambiente de diálogo y debate”

Siendo sincero, estoy seguro que no siempre ocurre esto en este centro y que en SDS training tampoco logramos siempre que para todos nuestros clientes nuestra “hamburguesa” sea tan rica y brillante como la de la foto, pero de lo que sí estoy seguro es que siempre nos marcamos unos objetivos, como estos:

El formador debe ser un experto de verdad y en la práctica de lo que imparte.  

El formador es un motivador hacia el cambio y el desarrollo, debe saber generar el deseo de cambio en el participante.

El formador generará un ambiente agradable en las sesiones y permitirá una comunicación fluida en el grupo.

El formador se preocupa sinceramente por las necesidades reales de los participantes y busca más allá de la “receta” la respuesta a cada una de esas necesidades.

El formador no sienta cátedra porque sí. Es un conductor que propone, reflexiona, debate, aporta, ayuda a entender, muestra caminos, e invita a llevar al día a día lo aprendido, pero siempre desde la aceptación y el deseo del participante.

El formador aprende. Porque no lo puede saber todo y porque las personas que vienen a una formación también saben de qué hablan aunque necesiten mejorar en algunos aspectos.

Seguro que no siempre conseguimos nuestro objetivo, pero puedes estar seguro que siempre hacemos todo lo posible por conseguirlo, y esto lo hacemos tanto en cursos de habilidades como hablar en público, negociación o gestión del tiempo, de ventas o de atención al cliente, donde es más evidente, como en las formaciones de Excel o PowerPoint, donde nuestra metodología es la garantía del éxito.

Si tienes la misma visión de cómo debe ser la formación de calidad para profesionales te esperamos, ésta es tu casa, ¿te animas a ponernos a prueba?

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