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En estos últimos meses he podido asistir a unas cuantas conferencias o seminarios (eso que ahora todos conocemos como webinars) en las que he tenido la oportunidad de escuchar a excelentes profesionales, disertar sobre diversos temas, en mi caso han sido desarrollo de liderazgo, gestión de conflictos y ventas, y he llegado a la conclusión de que aun siendo muy interesantes, no terminan de llegarme del todo, me falta algo.

Quizá, y aprovechando la época estival, es como la diferencia entre que te cuenten un viaje, con mucho detalle si quién te lo cuenta es un buen narrador, pero simplemente que te cuente el viaje, o hacer tú mismo el viaje y extraer tus propias vivencias y experiencias.

Aunque hay más diferencias nos vamos a centrar en este post únicamente en la que consideramos más importante.

En el webinar la comunicación, aunque tengas la posibilidad de intervenir por medio de algún mensaje escrito que el ponente puede leer o no leer, es básicamente unidireccional, al final se trata de recibir información, experiencias, anécdotas, etc. sin más posibilidades de aportar tus casos o tus experiencias. El ponente se prepara su tema y lo expone, es algo fácil y sencillo cuando tienes un buen dominio del tema de que hablas, y casi diría yo que aun no teniéndolo si has hecho una buena preparación, has buscado bien la información y dominas la oratoria.

En contraposición la formación es algo muy diferente. La comunicación en la formación, al menos como la entendemos en SDS, es y debe ser bidireccional, el formador no se limita a hablar “de su libro”, sino que está constantemente expuesto a la intervención de los asistentes para ayudar a crecer y a desarrollar realmente nuevas habilidades en ellos partiendo también de sus experiencias y características personales.

Siempre decimos que la actitud del participante debe ser la de “confía en lo que te digo, pero critica lo que te digo”, y además exigir y poner a prueba al formador.

Como profesionales que tratamos de ayudar a otras personas a mejorar en alguna habilidad profesional, (vender, negociar, liderar, solucionar conflictos, trabajar en equipo, atender clientes, hablar en público, gestionar el tiempo, etc. etc.) necesitamos que se confíe en que lo que decimos es cierto y no es algo que nos hemos inventado o hemos estudiado o que solo pasa en determinadas ocasiones. En este sentido es muy similar a lo que ocurre en un seminario, él también requiere que le creas.

Pero también añadimos la idea de “critica lo que te digo”, pon en duda que lo que escuchas sea verdad ¿por qué va a es cierto?, plantea tus dudas, tus realidades, tus casos particulares, para que, pudiendo ir a esos casos concretos y vividos por ti mismo, de verdad quedes convencido que lo que se dice es cierto y quieras después poner en práctica las soluciones o nuevas formas de actuar que te proponemos.

En la conferencia, según te haya impactado más o menos el ponente, obtendrás alguna idea de nuevas conductas y “algo te quedará”. En la formación, si es de la calidad debida, saldrás queriendo poner en práctica todo lo que has oído, hablado e incluso discutido con la persona que conduce la formación porque ha movilizado tu voluntad para hacerlo y lo has aceptado como cierto después de discutirlo.

Cada formato tiene una utilidad, no se trata de descartar las conferencias, pero si aprender y desarrollar es el objetivo, la formación seguro que te dará mejores resultados, aunque cuidado, quizá puedes criticar lo que decimos… Eso sí piensa, ¿cuántas veces te has sentido en una conferencia con ganas de decir “a mí lo que me pasa es esto cuando…”?

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